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Yoga para niños: ¿cómo hacerlo en casa?

El secreto para conseguir que practicar yoga enganche a los niños pasa por convertirlo en un juego divertido. Esta disciplina milenaria de origen hindú dispone de múltiples recursos para que los pequeños aprendan a disciplinar su cuerpo y su mente y mantenerlos en un permanente equilibrio.

El yoga para niños introduce los beneficios propios de su práctica en los niveles físico y mental, pero adicionalmente les encauza a relacionarse con sus congéneres sin ese espíritu competitivo característico de nuestra sociedad, fomentando la cultura del trabajo en equipo y el respeto por sus compañeros.

Una excelente herramienta para la vida adulta

El yoga es una disciplina mixta, pues compagina ejercicios físicos y meditación, con la que el cuerpo y la mente pueden alcanzar altas cotas de bienestar. Las posturas del yoga están fundamentadas en elementos de la naturaleza, cuya evocación permite al cuerpo entrar en sintonía con ellos mediante las manifestaciones energéticas que las posturas del yoga recuerdan.

Mejores condiciones de los niños para el yoga

Practicar yoga desde la infancia proporciona una excelente base de equilibrio mental y físico para afrontar la vida adulta. La mayor receptividad de los niños sobre los adultos hace que esta disciplina tenga un potencial superior en cuanto a beneficios en los pequeños; a ello debe sumarse las condiciones ideales de su musculatura y columna vertebral. Para optimizar estas ventajas, se recomienda adecuar la vestimenta del niño de manera que lleve camiseta y pantalones cómodos, preferentemente de algodón.

A diferencia de los adultos, con niños de entre 4 y 13 años no se trabajan con rigor el alineamiento del cuerpo ni las posturas, sino que predomina el culto a la imaginación imprescindible para imitar los elementos naturales.

La respiración juega un papel primordial en la mecánica del yoga, y el niño aprende a respirar de forma correcta con la nariz sin abrir la boca, así como llevar una respiración abdominal en lugar de torácica. Esta pauta produce sosiego a la mente porque mantener una regularidad en la respiración tiene como efecto el dominio sobre los pensamientos.

La música es otro ingrediente fundamental en las sesiones de yoga infantil, por su aptitud para transportar la mente a cualquier lugar que la imaginación decida y por crear un ambiente de confianza y espontaneidad.

Ya que es muy habitual que los niños adquieran una actitud demasiado autocrítica, que merma su confianza hacia ellos mismos cuando llegan a cierta edad, el yoga es un excelente recurso para contrarrestarla, puesto que su modo de trabajo huye de la creación de opiniones y de prejuicios.

Cómo compensar su déficit de concentración

La actitud predispuesta al juego propia de las primeras edades, reduce al mínimo las necesidades de estimularles para hacer yoga. Como hándicap, su capacidad de concentración no está todavía completamente desarrollada, por lo que, aunque los niños son capaces de inhibirse de su entorno cuando juegan, es difícil que ese aislamiento mental se prolongue demasiado. El conjunto de tales circunstancias obliga a diseñar el yoga para niños con altas dosis de actividad y diversión para que no decaiga su interés.

Una vez adquirida suficiente soltura, los niños pueden programarse los ejercicios en la vida doméstica, con el objetivo matutino de cargar energía y de descargar tensiones antes de acostarse.

Aprender a descubrir la paz interior

Reforzar la seguridad y activar su imaginación es el objetivo del yoga para niños, una técnica orientada a ponerles en conexión con la naturaleza y darles recursos que les permitan abrir sus sentidos para aprender a descubrir la paz interior. Todo ello bajo un principio sustancial en el yoga que es el respeto por uno mismo, por los demás y por el entorno que le rodea.

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