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Un estudio revela cuál es la mejor manera de castigar a los niños para su aprendizaje

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Desde que somos pequeños, los seres humanos aprendemos por observación la manera de conseguir nuestros objetivos. Aprendemos observando al adulto y viendo como cada conducta que elegimos tiene una respuesta u otra que nos resulta más o menos satisfactoria. Esto hace que muchos abusen del berrinche, los llantos y las malas formas para conseguir lo que quieren. Por su parte los padres cada vez tratan más de reforzar las conductas positivas y recurrir menos al castigo, sobre todo el que es de tipo físico. Ahora, un estudio ha revelado que si se aplica el castigo de una forma concreta, puede tener consecuencias muy positivas en el compromiso y el razonamiento del niño.

La investigación ha sido llevada a cabo por la Universidad Estatal de Oklahoma, Estados Unidos. Además, fue presentada en la convención anual de la Asociación Americana de Psicología. De este análisis se concluye que los castigos son eficaces y necesarios si se aplican centrados en el aprendizaje del niño cuando los sufre. Lo importante del castigo es que el niño comprenda que una conducta errónea conlleva a unas consecuencias negativas.

En el estudio se recogieron las experiencias de 102 madres que habían castigado a sus hijos por desafiar, desobedecer, enrabietarse o incluso pegar a alguien. También se apuntaron las reacciones de los niños tras el castigo. Después de evaluar las respuestas de las madres se concluyó que la clave para cambiar el comportamiento erróneo era conseguir que los niños sintieran compromiso con algo. Esta era la mejor manera de conseguir mejorar su comportamiento de una forma rápida y efectiva.

Además, según la situación generada por el niño, se ha descubierto que es mejor actuar de una u otra manera. Ante las rabietas y los lloriqueos que vienen de la frustración de no conseguir algo, lo mejor es utilizar el razonamiento para modificar la conducta.

El razonamiento unido al castigo es muy eficaz a largo plazo en los niños desafiantes con sus padres según este estudio. Advertir a los pequeños del castigo que se llevan si hacen la conducta indeseable es crucial en estos casos. Si el niño conoce las consecuencias de sus acciones malas lo aprende en su memoria, lo que aumenta su aprendizaje para futuras situaciones.

Estos expertos advierten de la importancia que tiene el saber aplicar un castigo en su momento y con una proporción e intensidad adecuadas para que al niño le sirva para mejorar su conducta y aprender. A lo largo de la historia se ha utilizado mucho el castigo físico, y en muchas ocasiones, ha generado que muchas conductas incorrectas se agraven.

Obligar al niño a hacer algo para cumplir su castigo también está totalmente desaconsejado. Si un castigo es ordenar el cuarto o limpiar unos zapatos, el pequeño lo relaciona con una mala experiencia y odiará hacer este tipo de conductas. También se debe evitar castigar 'en caliente' al niño, porque estos castigos se hacen para que el adulto se desahogue más que para que para que el niño aprenda. Es preferible esperar un tiempo suficiente para relajarnos y entonces administrar la sanción.

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Es muy importante también tener en cuenta el grado de madurez del menor para poder comunicarnos mejor con él y asegurarnos de que comprenda lo que está mal y lo que está bien. También que aprenda la relación entre el fallo y el castigo. Se debe tener en cuenta también que cuando el niño se porta mal durante una actividad que le gusta, el castigo ideal sería aquel que le priva de realizarla, y nunca sustituirlo por la supresión de otra distinta.

Publicado por Manuel Peña - Perfil en Google+ - Leer más artículos de Manuel Peña

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