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Obesidad infantil: cuida su alimentación

La obesidad infantil se define como acumulación excesiva de grasa corporal en un niño o niña, generalmente en el tejido adiposo, que ha alcanzado el veinte por ciento o más del peso ideal del infante.

No se debe confundir el niño obeso con el niño gordito, que volverá normalmente a un peso en la media tras un estirón o un periodo de convalecencia por enfermedad, aunque no hay que dejar de estar alerta, porque el sobrepeso puede desembocar en obesidad si no se tienen hábitos saludables de alimentación y ejercicio físico. De cualquier forma, es el pediatra la persona indicada para diagnosticar tanto el sobrepeso como la obesidad en un niño y el decidir cuál es el tratamiento idóneo.

Como cualquier otra enfermedad, existen una serie de hábitos saludables que pueden ayudar a prevenirla, como llevar una dieta equilibrada y saludable y realizar ejercicio diariamente.

La dieta del niño debe ser rica en frutas, verduras, lácteos, cereales y legumbres. Los lácteos, si sospechamos que existe sobrepeso, deben ser desnatados, ya que de esta manera aportamos los mismos nutrientes y evitamos las grasas. Evitaremos las comidas preparadas y la bollería industrial, elementos muy socorridos para ahorrar tiempo en la cocina pero nada o muy poco saludables. También se deben reducir los dulces, caramelos y chucherías, que aportan demasiados azúcares.

En cuanto al ejercicio físico, es recomendable que el niño o niña realice, además del ejercicio que hace en el colegio, un mínimo de una hora diaria de deporte de su elección. Si el niño es muy pequeño para decidir qué deporte le gusta, son los padres los que deben optar por uno u otro, siempre en función de las características del niño y teniendo en cuenta su edad. Un ejemplo de ejercicio muy completo es la natación, que trabaja músculos de todo el cuerpo, pero también se puede optar por alguna de las actividades que se suelen ofrecer en los centros como extraescolares. Al fin y al cabo se trata de que el niño adquiera el hábito de hacer ejercicio y no el de sentarse a ver la tele.

Para finalizar, cabe decir que la obesidad infantil tiene solución, ya que cuanto más joven es un organismo, más capacidad de regeneración tiene, pero es necesaria la colaboración de la familia para que el pequeño vaya cambiando los malos hábitos que lo han llevado a ese estado por otros mucho más saludables que lo van a poner de nuevo en forma.

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