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Los adultos de rasgos aniñados viven más

Todos hemos conocido alguna vez a personas cuyo rostro es prácticamente el mismo que tenían cuando eran niños conservando sus rasgos infantiles aun incluso ya adultos.

Pues bien, según un reciente estudio este hecho no sería casualidad sino que respondería a un hecho de pura biología: la capacidad de los denominados telómenos de reproducirse con más facilidad.

Un ejemplo de este fenómeno sería el del nadador David Meca cuya cara, a sus 35 años, conserva los aires aniñados de sus primeros años de vida.

Pues bien, el estudio sentencia que estas personas gozan de una mayor longevidad que otros rostros que reflejan una mayor edad que, por lo general, suelen ser personas con una esperanza de vida menor.

Para llegar a estas primeras conclusiones el estudio se ha centrado en la evolución de centenares de personas mayores durante más de siete años aunque, tal como aseguran sus autores, es sólo una primera aproximación a una cuestión que se antoja apasionante.

Imagen: platysma.blogspot.com

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