Efectos del alcohol a largo plazo: modera su consumo

Cuando se consume de forma habitual, los efectos del alcohol a largo plazo pueden ser muy diversos debido a la facilidad del mismo para penetrar en casi todos los tejidos del organismo.

De esta forma, casi todos los aparatos pueden verse comprometidos, desde el nervioso al digestivo, pasando por el endocrino y el inmunitario.

Alteraciones orgánicas debido al consumo de alcohol

Los efectos del alcohol a largo plazo no se sienten de un día para otro, sino que el organismo va dando señales que pasan de leves a moderadas, momento en que la abstinencia y los aportes de vitaminas pueden corregir el problema, y de ahí a graves, cuando ya es tarde y la salud del individuo se ve altamente comprometida.

Los órganos y tejidos que pueden dañarse son prácticamente todos los del organismo, ya que el alcohol difunde a través del digestivo a la sangre y de ahí al resto del organismo. Entre las alteraciones más comunes encontramos:

  • Aparato digestivo: por ser el primero que contacta con el alcohol, suele ser de los primeros en dañarse. El efecto inflamatorio y abrasivo da lugar a esofagitis y gastritis, que puede derivar en úlcera péptica y puede requerir cirugía. También es más frecuente el cáncer de boca, garganta y estómago en personas que consumen alcohol. Al llegar al intestino dificulta la absorción de vitaminas, lo que puede acarrear distintos trastornos. Además, el páncreas se daña con facilidad y es causa de muerte en el 30% de los casos.
  • Sistema nervioso: los daños son producidos por la capacidad tóxica del alcohol sumada normalmente a un déficit de vitamina B1, produciendo neuropatía periférica, degeneración cerebelar y la enfermedad de Wernicke, que puede degenerar en síndrome de Korsakoff, enfermedad irreversible que crea en el individuo graves problemas intelectuales.
  • Corazón: el alcohol daña los tejidos y produce una cardiomiopatía alcohólica, que da lugar a la pérdida de tono muscular que puede llegar a producir arritmias y parada cardiaca.
  • Hígado: la acumulación de grasas debido al consumo de alcohol da lugar al conocido hígado graso que, si se continúa bebiendo, puede desembocar en hepatitis y, posteriormente, cirrosis, cuando las células van muriendo. Una vez que el 70% de las células hepáticas han muerto, se produce fallo hepático y, como consecuencia de éste, la muerte del individuo.

La clave: consumo moderado

El alcohol en pequeñas dosis es beneficioso, pero en grandes cantidades causa estragos, por lo tanto, hay que abstenerse de consumirlo de forma contínua.

El organismo tiene una alta capacidad de recuperación, por lo que, si el consumo es moderado y muy de tanto en tanto, no aparecerá ninguno de los efectos del alcohol a largo plazo.

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