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¿Deberían ponerse impuestos a la comida rápida?

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Hace semanas leíamos como Francia se ponía en pie de guerra contra una serie de alimentos con aceite de palma, como la Nutella, poniendo un impuesto especial. Desde Nueva Zelanda, un estudio realizado por la revista médica 'Plos Medicine' incide en que poner impuestos a la comida basura, rica en grasas saturadas, y a los refrescos traería grandes beneficios a la salud de los ciudadanos.

El estudio, que también apuesta por una rebaja sustancial del precio de frutas y verduras, revisó las estrategias de fijación de precio de los alimentos así como la incidencia de enfermedades crónicas, como las de tipo cardiovascular. Una de las conclusiones a las que se llega es que en por cada 1% que suben alimentos ricos en grasas saturadas, cae su consumo el 0,02%.

En los refrescos, una subida de precio podría ser aún más definitiva, ya que desde Nueva Zelanda se apunta a que si aumentara en torno al 10%, la caída de su consumo se situaría entre el 1 y el 24%. Este tipo de bebidas contienen azúcar en exceso y su consumo prolongado puede traer consigo lesiones en la piel, trastornos nerviosos, obsesidad y caries.

El análisis del Plos Medicine también afirma que tomando como referencia grupos socioeconómicos, las personas con mayor poder adquisitivo tenían acceso mejor salud que los de clase media y baja, siendo éste un indicador más para fomentar la bajada de precio de la comida sana. No obstante, el estudio hace hincapié en que los resultados de gravar la comida basura y subvencionar las frutas y verduras puede variar según el país en el que se aplique, tanto por cuestiones culturales como gastronómicas.

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