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Cómo y cuándo dar la primera papilla

Durante sus primeros 4 meses de vida, un bebé debe nutrirse exclusivamente de leche materna o maternizada. La introducción de papillas de cereales o frutas como dieta complementaria a la lactancia, sin sustituir nunca a ésta, con frecuencia supondrá un serio escollo por el inicial rechazo que acarrea a la cuchara y a los sabores y texturas desconocidos hasta ese momento.

Si bien la doctrina de los especialistas acerca de cómo y cuándo dar la primera papilla no permite categorizar sobre el género de alimentos que debe encabezar el orden en su aporte, tradicionalmente son los concentrados de cereales los primeros en hacer acto de presencia.

El momento de la primera papilla

Cuando un bebé alcanza la edad de 5 meses aproximadamente, acontece un hecho fisiológico que condiciona su régimen alimenticio, la desaparición del reflejo detrusor de la lengua que habilita a su aparato digestivo para recibir alimentos sólidos o pastosos con cuchara. Esta circunstancia, sumada al grado de madurez gástrica conseguido, marca el detonante para el inicio de una dieta no exclusivamente láctea.

Dentro del escaso margen contemplado para la elección de cómo y cuándo dar la primera papilla (5-6 meses) participan factores individuales de diversa índole que señalan el grado de desarrollo de cada bebé, como un buen control postural de la cabeza que le permita estar sentado, un llamativo interés por la comida ajena, la utilización de labios y lengua para tragar, etc. No en vano, los primeros alimentos complementarios a la leche cumplen una misión casi estrictamente pedagógica, de mero aprendizaje mecánico y reconocimiento sensorial.

Los cereales suelen ser el primer alimento distinto a la leche que se introduce en la dieta del niño, siendo prudente no aventurarse a prescindir inicialmente de los cereales sin gluten e ir introduciendo progresivamente los glutinados sobre los 7-8 meses. Las papillas de cereales favorecen una buena práctica para aprender a recibir la cuchara, y las ideales para la iniciación manejan una base de arroz, avena o cebada, y preferentemente deben ir enriquecidas en hierro de cara a paliar esa deficiencia congénita del bebé.

Conviene ir "tomando el pulso" al bebé con texturas finas que irán espesándose conforme la criatura vaya demostrando su aceptación por partículas más gruesas. Incluso no resulta descabellado que las primeras tomas se ofrezcan en biberón, realizando una brevísima transición que siempre mitigará el esperado rechazo. Cuando ya se aprecie una familiarización del bebé con el sabor y la textura será el momento de pasar al plato y la cuchara. En esta incipiente etapa, de preiniciación, no debe desperdiciarse ningún momento del día para ir tanteando la disposición a ingerir unas poquitas cucharadas, por lo que aprovecharemos momentos de receptividad del bebé para educarle en su nueva alimentación.

Un detalle importante a controlar en la administración de la papilla es su temperatura, asegurándonos de que esté tibia. Y otro es prescindir de la sal, puesto que el bebé aún no manifiesta ninguna preferencia por el alimento salado, no resultándole ingrato el sabor insulso.

La primera papilla de frutas

A partir de los 6 meses es admisible la introducción de la fruta en la dieta del bebé. La papilla de frutas es una de las primeras que se empiezan a ofrecer (junto a la de cereales sin gluten y las verduras), normalmente para sustituir al biberón de leche vespertino. Entre el elenco de frutas a nuestra disposición, debe evitarse en los inicios la manzana por ser la más flatulenta y puede ocasionar alguna indigestión.

Se aconseja comenzar con mezclas de plátano, pera y zumo de naranja, de amplia tolerancia. Lo que resulta siempre importante es llevar a cabo la incorporación de nuevos ingredientes sin brusquedad, y evitando cócteles masivos que dificultan enormemente la identificación de las causas de alergia cuando ésta hace acto de presencia.

Debemos cuidar de que las piezas de fruta hayan sido convenientemente peladas y desprovistas de pepitas y zonas taradas. Evitaremos radicalmente, como mínimo hasta el año de edad, la adición de alimentos glutinados como galletas y de sustancias edulcorantes como azúcar o miel, esta última por el riesgo inherente de vehicular las peligrosísimas esporas del germen causante del botulismo. Una vez que el bebé vaya respondiendo con normalidad a la acidez propia de las frutas, puede contemplarse el suministro de kiwi, piña, melón o sandía, con ciertas cautelas.

Necesidad de suplementación alimenticia a los 6 meses

Dentro del escaso margen para la elección de cómo y cuándo dar la primera papilla, es conocido que a los 6 meses de vida del bebé el hierro proporcionado por la leche materna o de fórmula deja de cubrir sus necesidades, debiendo recurrirse a la suplementación de cereales, más el correspondiente aporte de frutas para satisfacer otros requerimientos nutricionales.

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